Cuba se encuentra hoy en la mira del mundo debido a una combinación de decisiones políticas internacionales y una crisis interna que se posiciona como un resumen de lo más terrible y desesperante que se ha vivido en la isla en las últimas décadas.
El Banco Central de Cuba ha confirmado de manera oficial que las tarjetas de las redes internacionales Visa y Mastercard dejan de operar por completo en todo el territorio nacional. Este histórico y devastador golpe financiero ocurre tras el vencimiento definitivo del plazo otorgado por una orden ejecutiva de los Estados Unidos. La normativa obligó a todas las entidades bancarias y financieras extranjeras a romper lazos de forma inmediata con Fincimex, la principal institución encargada de procesar este tipo de operaciones en la isla, debido a que es controlada directamente por el conglomerado militar cubano GAESA.
El impacto de esta medida deja a la economía cubana totalmente incapacitada para captar divisas o recibir ingresos a través de transacciones con tarjetas bancarias internacionales, lo que afecta drásticamente tanto al sector turístico como al envío de remesas. Este aislamiento financiero ocurre, además, en el peor escenario posible: la población enfrenta actualmente una crisis apocalíptica caracterizada por apagones masivos que se prolongan durante varios días, una escasez extrema de alimentos básicos y una falta total de medicamentos en los centros de salud.
Como parte de esta ofensiva diplomática y económica, el gobierno de los Estados Unidos ha implementado de manera simultánea un paquete de sanciones directas contra el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, su esposa Lis Cuesta, y los miembros del círculo íntimo y familiar de Raúl Castro, congelando sus activos y prohibiendo cualquier tipo de transacción comercial con ellos, lo que profundiza la incertidumbre sobre el futuro inmediato del país.





